

La alopecia androgénica es una de las variantes más comunes de pérdida de cabello. Aunque se origina por hormonas típicamente masculinas, los andrógenos, también incide en las mujeres. Se calcula que al menos un 25% de las mujeres podrían experimentarla en algún momento, siendo más habitual cerca de la premenopausia, entre los 45 y 50 años.
Las raíces de la alopecia androgénica femenina yacen en factores hormonales y genéticos, incluyendo elementos tanto dependientes como independientes de los andrógenos. Si se presenta antes de la menopausia, se le llama precoz y tiende a intensificarse con la caída de los estrógenos durante esta fase. Si ocurre después, se conoce como tardía.
En algunas instancias, esta alopecia emerge en la niñez, alineada con la adrenarquia, cuando inicia la actividad hormonal suprarrenal.
Con ambas formas, precoz y tardía, puede haber un incremento de andrógenos. No obstante, lo más común es que las mujeres con niveles normales de estas hormonas desarrollen la condición, debido a una sensibilidad aumentada de los folículos capilares.
Los andrógenos provocan una progresiva miniaturización folicular, afinando el cabello hasta que, sin tratamiento, se transforma en vello.
Similar a la versión masculina, es habitual encontrar antecedentes familiares en casos de alopecia androgénica femenina, aunque también puede surgir sin ellos.
A diferencia de los hombres, en mujeres, este tipo de alopecia podría coexistir con otras afecciones como deficiencias vitamínicas, el Síndrome de Ovario Poliquístico, trastornos alimenticios, y otras enfermedades hormonales, lo que obliga a una evaluación detallada para un diagnóstico preciso.
La alopecia androgénica en mujeres suele manifestarse predominantemente en la zona frontal, central y parietal del cuero cabelludo, respetando la línea de implantación del cabello. A diferencia de los hombres, la pérdida capilar en mujeres no presenta un patrón definido.
Se distingue por una disminución general de la densidad del cabello, lo cual se evidencia en la expansión de la raya del cabello, el adelgazamiento visible del cuero cabelludo o en una coleta más delgada. Puede ocurrir una reducción difusa del cabello en la región superior de la cabeza con el paso del tiempo.
La alopecia androgénica femenina se clasifica en tres niveles según la escala de Ludwig y Olsen, siendo uno el más suave y tres el más grave, o en cinco niveles de acuerdo a la escala de Ebling.
No todas las pacientes avanzan hacia los grados más severos de calvicie; sin embargo, sin tratamiento, la progresión suele ser lenta y continua, especialmente en la juventud.
Para el diagnóstico de la alopecia androgénica femenina se emplea una evaluación clínica y el análisis con tricoscopio digital. Este instrumento nos facilita analizar la densidad y el calibre de los cabellos, así como la actividad sebácea del cuero cabelludo.
Este método no invasivo posibilita un diagnóstico temprano, favoreciendo el inicio precoz del tratamiento.
Una monitorización digital precisa, incluyendo fotografías estandarizadas, es esencial para evaluar la progresión de la alopecia y la respuesta a los tratamientos a mediano y largo plazo.
En cuanto a exámenes adicionales, comúnmente se realiza un análisis de sangre para determinar posibles desajustes que afecten el crecimiento del cabello y para descartar desequilibrios hormonales asociados con la alopecia androgénica, como los mencionados previamente.


Actualmente, no se cuenta con un tratamiento definitivo para la alopecia androgénica. Las opciones terapéuticas actuales requieren de una aplicación prolongada para mantener los resultados y frenar, en la medida de lo posible, su avance.
Es crucial establecer un régimen de tratamiento práctico y viable a largo plazo para la paciente, entendiendo que deberá adherirse a él de manera continuada, en espera de futuras innovaciones terapéuticas. Interrumpir el tratamiento generalmente conlleva la pérdida gradual de las mejoras logradas.
Los especialistas de la Unidad de Tricología y Trasplante Capilar de Grupo Derma Aid optan por un enfoque más intensivo durante los dos primeros años, tiempo en el que las terapias comienzan a manifestar resultados, alcanzando su máxima eficacia entre los 12 y 18 meses.
Tras este periodo, es posible ajustar la dosificación y el esquema del tratamiento para facilitar su seguimiento.
Con la variedad de alternativas disponibles hoy en día, es factible adaptar el tratamiento a las necesidades individuales de la paciente y a las particularidades de su caso. El éxito se mide según el aumento de la densidad capilar y el engrosamiento de los cabellos que previamente eran finos.
Para alcanzar los resultados deseados en el tratamiento de la alopecia androgénica, se pueden emplear antiandrógenos. Estos medicamentos actúan específicamente sobre la raíz folicular para detener o revertir la miniaturización de los folículos capilares.
Generalmente, estos fármacos son bien tolerados, permitiendo que las pacientes mantengan un estilo de vida normal, incluyendo el consumo moderado de alcohol, la exposición al sol, la actividad física y la combinación con otros tratamientos farmacológicos. Bajo la supervisión del especialista, pueden ser complementados con anticonceptivos orales para corregir posibles desequilibrios hormonales asociados con la alopecia.
Es imprescindible considerar que durante y hasta varios meses después de finalizar el tratamiento con estos fármacos, es necesario evitar el embarazo, según lo establezca el dermatólogo espacilizado en tricología. Durante este periodo, también se debe evitar la donación de sangre.
Alternativamente, se puede recurrir a medicaciones tópicas con propiedades vasodilatadoras que fomentan el engrosamiento del cabello. La Unidad de Tricología y Trasplante Capilar de Grupo Derma Aid ha sido pionera en la administración de estos tratamientos en su forma oral a dosis reducidas para la alopecia androgénica femenina, con estudios que respaldan su efectividad y seguridad.
En mujeres, es crucial un ajuste preciso de la dosis para prevenir la hipertricosis (aumento leve del vello facial o en otras áreas no deseadas), un efecto secundario que es totalmente reversible al modificar la dosis o cesar la medicación. Además, es fundamental no consumir estos medicamentos durante el embarazo.
Además de los tratamientos farmacológicos, hay otras opciones terapéuticas que pueden ser beneficiosas en situaciones específicas, como el láser de baja intensidad, análogos de prostaglandinas o las microinyeciones con antiandrógenos.
Por último, los tricólogos de Grupo Derma Aid consideran tratamientos médicos adicionales para la alopecia androgénica femenina, dependiendo de posibles desajustes detectados en análisis clínicos u otras condiciones médicas concurrentes. Para ello, cuentan con la colaboración estrecha de profesiones especialistas en Ginecología y Endocrinología.
El trasplante capilar con microinjertos es una solución quirúrgica que sirve como complemento a los tratamientos médicos, mejorando significativamente la densidad capilar en las zonas afectadas por la pérdida de cabello. Esta técnica, que a menudo se asocia solo con los hombres, es también una alternativa viable para las mujeres.
El procedimiento se realiza en una sala de procedimientos y no necesita de hospitalización prolongada. El periodo de recuperación es breve, normalmente de una semana, tras la cual la paciente puede retomar su rutina habitual.
El procedimiento se realiza en una sala de procedimientos y no necesita de hospitalización prolongada. El periodo de recuperación es breve, normalmente de una semana, tras la cual la paciente puede retomar su rutina habitual.
El nuevo cabello empieza a crecer al cabo de seis meses del trasplante, alcanzando su plenitud entre los 12 y 15 meses postoperatorios.


La alopecia frontal fibrosante es un tipo de alopecia cicatricial que se manifiesta por la destrucción progresiva de los folículos pilosos, llevando eventualmente a su inactividad permanente. Esta condición está ganando prevalencia y, aunque sus causas aún no se entienden completamente, es actualmente la segunda forma más común de alopecia en mujeres, afectando principalmente a aquellas que han alcanzado la menopausia. Sin embargo, también se observa un aumento en su incidencia entre mujeres premenopáusicas y, en menor medida, en hombres.
Característicamente, la pérdida de cabello se produce en la zona de la diadema y las patillas, pero también puede extenderse a las pestañas, cejas y vello corporal. Los síntomas de la alopecia frontal fibrosante pueden incluir picazón y, ocasionalmente, dolor en el cuero cabelludo. No es raro que se presenten granos en la cara y una prominencia visible de las venas en la frente. Estos síntomas, junto con el retroceso de la línea de implantación del cabello, conllevan un impacto estético considerable para las pacientes.
La alopecia areata es un tipo de alopecia no cicatricial que se caracteriza por la pérdida de cabello en áreas específicas del cuero cabelludo. Si bien es la forma más común de alopecia después de la androgénica y la frontal fibrosante, también puede afectar a hombres. Esta condición impacta principalmente el cuero cabelludo, pero puede extenderse a las cejas y pestañas, provocando un considerable impacto emocional en las mujeres afectadas. La trayectoria de la alopecia areata varía considerablemente entre individuos. Algunas personas experimentan la enfermedad solo durante unos meses, mientras que otras pueden sufrirla por años.
Aunque la alopecia areata es indolora, no es contagiosa y no afecta directamente a la salud física, las consecuencias estéticas pueden desencadenar profundas repercusiones emocionales y afectar gravemente la calidad de vida del paciente, impactando su vida personal, afectiva y profesional.
Agenda una Cita