

El acné infantil suele estar relacionado con los cambios hormonales que ocurren durante el embarazo y la lactancia. Las hormonas maternas pueden estimular las glándulas sebáceas del bebé, provocando la aparición de espinillas y barros.
La predisposición genética también juega un papel importante en el desarrollo del acné infantil. Si los padres tienen antecedentes de acné severo, es más probable que sus hijos desarrollen la condición.
El uso de ciertos productos para el cuidado de la piel, como lociones o aceites grasos, puede obstruir los poros y contribuir al desarrollo del acné infantil. Además, la exposición a la saliva y la leche materna en la cara del bebé puede irritar la piel y causar brotes.


El tratamiento inicial para el acné infantil incluye cuidados suaves en el hogar. Es importante lavar la cara del bebé con agua tibia y un jabón suave para bebés. Evitar el uso de productos grasos o perfumados en la piel del bebé también es recomendable.
En casos más severos, el dermatólogo puede recomendar el uso de medicamentos tópicos, como cremas con peróxido de benzoilo o antibióticos, para reducir la inflamación y prevenir infecciones secundarias.
Para prevenir el acné infantil, es importante mantener la piel del bebé limpia y seca. Evitar el contacto prolongado con la saliva y la leche materna en la cara del bebé también puede ayudar a prevenir brotes.




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